martes, 6 de septiembre de 2016

Mentiras de nacimiento

Para qué sirve la brevedad, dime. Para qué si no es para desestabilizar. Crecí escuchando que lo bueno, si breve, dos veces bueno. Ahora pienso que lo bueno, si breve, queda en nada. No llega a ser bueno del todo en el primer intento porque se interrumpe, no llega a ser bueno en el segundo porque se acaba. 

Esto viene a resumir cómo acabó lo nuestro.
Breve sin más. Ni dos veces, ni bueno.

Explíquenme la gracia del refrán. O retírenlo del lenguaje.

domingo, 19 de junio de 2016

El club de la lucha (interna)

Qué miedo. Qué puto miedo. Pierdo el control. Pierdo las riendas de la relación conmigo misma. Es como estar en una relación tóxica, destructiva, desgarradoramente lorquiana y lorquianamente barroca, con tu propio cerebro. Dan ganas de volarse el hemisferio derecho, con tanta intensidad de mierda. Sé que en algún momento tendré que decir ''basta'' y despedir a mi Tyler Durden funesto, que sólo aparece gracias a ti. O más bien... por tu culpa.

miércoles, 1 de junio de 2016

I. Historias de vida y placer

Habitación para dos, pétalos de rosa, un ansiado atardecer y una persiana medio bajada. Barcelona, querida, parecía haber callado de repente para guardarnos silencio y cedernos la vida durante unos instantes. El calor estaba servido; se respiraba sensualidad, se avecinaba la catarsis.

Una botella de champán nos esperaba en una cubitera. Hasta ella resultaba erótica: pequeñas gotas de agua se deslizaban con la misma concupiscencia que comenzaba a nacer en mi entrepierna. Era tal la situación, que durante una minúscula eternidad, permanecimos absortos, nos perdimos en aquella dimensión a la que parecía llevarnos ese feng-shui cosmopolita, comenzamos a ser realmente conscientes del romanticismo que albergaban esas cuatro -cada vez más húmedas- paredes. Nuestras respiraciones borraban lentamente la línea que separaba lo humano de lo salvaje, despedían al Cosmos, abrían paso al Caos.

Y allí estábamos nosotros, tardando en desvestirnos. Quizá te preguntes por qué. La respuesta es bien sencilla: primero lo hacíamos con la mirada. Lo hacíamos todo con la mirada. Era nuestra peculiar manera de caldear el ambiente; derrochando tensión por nuestros ojos, aumentando pulsaciones. Quizá fueran unos preliminares diferentes, al fin y al cabo así éramos nosotros. Iba más allá de lo terrenal, se nos quedaban pequeños los cuerpos. Las ganas que teníamos el uno del otro no se saciaban ni estando juntos. Cómo decirlo... No era una cuestión de sexo y de desahogo. Era necesidad de fusionarnos, de dar un salto espacio-temporal y desaparecer, de convertirnos en una misma supernova.

...

miércoles, 6 de enero de 2016

Caminito de Belén... O de Juanito, Lucía, Carlos y Anita


Y venían al fin los Reyes Magos dirección Cádiz. Alzado sobre unos enormes y portentosos pilares, se halló impecable nuestro maravilloso Puente de la Constitución, que tuvo la suerte de estrenarse como alfombra roja para sus majestades cuando decidieron regresar un año más. Ahí estaba, sí, nervioso aunque insobornable, nuestro puente atirantado; listo para catapultar a sus altezas reales al foco de atención de cientos de niños; para concederles el honor de ser los dueños de las más puras e inocentes miradas. Con el tiempo –y sobre todo recursos económicos- en contra, marcharon sobre sus camellos para hacer que la Tacita de Plata y sus bebedores olvidaran, al menos durante unos cortos y valiosos instantes, sus más desgarradoras inquietudes. Y lo consiguieron. Vimos a unos Reyes Magos con un cinturón muy prieto, pero los reconocimos. Se oyeron villancicos y los niños sonrieron con las manos llenas de caramelos (aunque algo menos que en años anteriores). 

No estuve en Madrid, ni en Valencia, así que muchos dirán que no puedo hablar del tema. Siento deciros, amigos, que hoy en día con la televisión vivimos muchas cosas casi simultáneamente. Salvo cuando ocurre una tragedia en París, acapara los medios y parecen quedar a un lado las tragedias africanas, claro está. Sin embargo, he de decir que tengo la sensación de que los niños no sonrieron, ni en Madrid, ni en Valencia, como en años anteriores.

Vayamos al grano. No se puede atacar a una persona por sus creencias. Las creencias pueden ser o no respetables, a la persona ni la toques. Respétala siempre. Si se exige que se nos respete y acepte como ateos se debe respetar que haya personas que no se sientan así, que en España hay una mayoría cristiana y unas tradiciones con las que muchos se sienten identificados. Si no te gustan los Reyes Magos es tan sencillo como no ir a la cabalgata. No les pongas regalos a tus hijos. Óbvialo pues y dedícate a ser feliz con tu familia a tu manera en un día que no es sino uno cualquiera de un año que recién acaba de comenzar. Pero no destroces la ilusión de unos niños que aún no están edad de juzgar si aquello en lo que ‘creen’ (por decirlo de alguna manera) está bien o mal o si se sienten verdaderamente identificados con lo que llevan escuchando desde muy pequeños. No destroces la ilusión de unos niños que aún no están en edad de comprender el cuento que se les cuenta y que sólo saben que ese día siempre vienen tres señores barbudos y muy arropados a traerles regalos y alegría. Porque cuando se topan o con unos Reyes irreconocibles -más de chiste que los ''verdaderos'' si cabe- o con tres mujeres, los chicos no lo entienden. No entienden de religión siquiera aún. Quizá estén siguiendo la corriente por inercia familiar. Quizá tengan fe y no haya más que hablar. Pero eso aún no lo saben. No entienden de política, de igualdad de género, ni mierdas. Sólo ven que lo que les habían contado, lo que llevaban esperando un año entero, no se cumple. Y eso diezma su ilusión (en el mejor de los casos), o la extermina (en el peor).
 
Desde luego, no creo en absoluto que se sea más feminista por poner a tres mujeres en las carrozas, y ello no implica que no me quiera y respete como mujer. Considero que en materia de feminismo o lucha por la igualdad hay una infinidad de medidas a tomar antes que sustituir a los tres varones en cuestión por tres féminas y jactarnos de lo progresistas que somos. Porque mientras tanto, estamos a 6 de enero de 2016 y ya hemos añadido a la lista de víctimas por violencia de género unos cuantos nombres. Y me da a mí que no es que Melchora, Gaspara y Baltasara las hayan ayudado mucho.

Ayer ya venían los Reyes Magos caminito de Belén… Pero no lo olviden: Y de Juanito, Lucía, Carlos y Anita. Iban camino de sus corazones, aún inocentes e impolutos. No los contaminen, déjenlos crecer a su ritmo. Por ahora edúquenlos en una perspectiva de igualdad de género; más adelante gritarán con nosotras. 

sábado, 2 de enero de 2016

Eternal sunshine of the spotless mind




Hola, 2016. Pretendía recibirte con todo el cariño del mundo y me parece que ya te he fallado a ti también. No estaba lista para abrazarte; llamaste al timbre y yo con estos pelos. Vaya bienvenida. Quería hablarte sobre la primera película que he visto para estrenarte. La primera que he visto de verdad, es decir, sola, sumergida en el sonido de unos auriculares, ha sido Olvídate de mí o lo que es mejor, Eternal sunshine of the spotless mind.

Tenemos en ella a un Jim Carrey enamorado, que en vísperas de San Valentín se dispone a recuperar a una chica que ya ni siquiera parece reconocerle. Es ella. Es Clem. La maravillosa y exuberante Kate Winslet salida de sus raíles de mujerón para adentrarse en una historia de ''chico conoce chica'' nada normal, y que da corriente. Parece ser que nuestra Clementine, rota de dolor, recurrió a un proceso de eliminación de recuerdos para borrar a Joel de su cabeza, y como consecuencia, de su corazón. Unas cuantas lesiones cerebrales en los núcleos emotivos de cada recuerdo y listo. 'Adiós' Joel. Y hola 'Patrick'. Sumido en impotencia, Joel decide hacer lo mismo. Una historia de idas y venidas, aunque más de venidas en realidad, en la que, ni con daños estereotáxicos, parecen poder desvincularse nuestros personajes. Y hasta aquí puedo leer.

Primera lectura de la película: ''Espero que no haya querido decir eso. No. Que no me vendan eso. ¿Es ese el mensaje?''. Hay personas que están destinadas a encontrarse. Quizá no para estar juntas, o al menos no para estarlo en el momento en que se conocen, pero que, al fin y al cabo se complementan, se completan. Son aquellos para los que, aunque las cosas se tuerzan, en algún momento habrá un camino más iluminado y menos escarpado que los demás, que les llevará lentamente a un punto en el que no sólo confluirán sus cuerpos; sino en el que además se reactivará la electricidad entre sus mentes, la magia. ''If two people are meant to be together, eventually, they'll find their way back''.

El segundo en que mi organismo interpretó eso como enseñanza principal de la película, me abrumó una profunda decepción y un enorme rechazo. ''¡Que no me vendan esto ahora, hace tiempo que dejé de creer en ello!''.

Posterior reflexión: ''Quizá el mensaje que he captado no sea sino un espejismo de lo que en realidad buscaba ver. ¿Se trata entonces de una apelación a los 'muertos cenantes' para que luchen por aquello por lo que algún día apostaron? ¿Un llamamiento a los enamorados en proceso de desenamoramiento para que intenten de veras estar juntos? ¿O es acaso una crítica a nuestra manera de afrontar los problemas en numerosas ocasiones; es decir, una crítica a la rehuida del dolor para superarlo?''.

Qué maravillosa idea, ¿no? Disponer al menos de la posibilidad de olvidar a alguien (voluntariamente, claro está, no veáis fortuna alguna en el que padece alzheimer ni aunque estéis dolidos por amor o cualquier otro fantasma que se le parezca). Aunque, siendo sincera, jamás recurriría a la Clínica Lacuna... Me declaro incapaz de borrarte de mis recuerdos por doloroso que fuera el final. Tú contribuiste a lo que soy hoy. Sin ti sería imposible explicarme. Imposible entenderme. Todo porqué nace en ti. Una obra de teatro no se entiende, no se explica del todo, hasta que no la vemos representada. Pues lo mismo. Llámame libro. Llámate representación.

'Eterno resplandor de una mente sin recuerdos'... Y una mierda. Eterna oscuridad.